Por LRH
Las condiciones del éxito son pocas y se dicen fácilmente.
Los empleos en realidad no se conservan, invariablemente, por caprichos del destino ni por la fortuna. Aquellos que dependen de la suerte generalmente experimentan mala suerte.
La capacidad para conservar un empleo depende principalmente de la capacidad. Uno tiene que ser capaz de controlar su trabajo y tiene que ser capaz de ser controlado al hacer su trabajo. También tiene que ser capaz de dejar ciertas áreas sin control. La inteligencia de una persona se relaciona directamente con su capacidad. No existe eso de ser demasiado inteligente. Pero sí existe el ser demasiado estúpido.
Pero uno puede ser capaz e inteligente sin tener éxito. Una parte vital del éxito es la capacidad para manejar y controlar no sólo las herramientas que uno usa en el trabajo, sino a la gente que tiene alrededor. Para hacerlo, uno tiene que ser capaz de un nivel muy alto de afinidad, tiene que ser capaz de tolerar realidades masivas y también tiene que ser capaz de dar y recibir comunicación.
Los ingredientes del éxito son entonces, primero, una capacidad para confrontar el trabajo con alegría y no con horror, un deseo de hacer el trabajo por el trabajo en sí, no porque uno “deba tener un sueldo”. Uno tiene que ser capaz de trabajar sin forzarse o sin experimentar niveles profundos de agotamiento. Si alguien los experimenta, algo está mal en él. Hay algún elemento en su entorno que debería estar controlando que no está controlando. O sus lesiones acumuladas son tales que hacen que huya de todas las personas y las masas con las que debería estar en contacto.
Los ingredientes del trabajo exitoso son entrenamiento y experiencia en el tema que se aborda, buena inteligencia en general y capacidad, aptitud para tener una alta afinidad, una tolerancia de la realidad, y la capacidad de comunicar y recibir ideas.
Si se tiene todo esto, sólo queda un ligero margen para el fracaso. Si un hombre tiene todo esto, puede ignorar todas las casualidades de nacimiento, matrimonio o fortuna, porque el nacimiento, el matrimonio y la fortuna no son capaces de poner estos ingredientes necesarios en sus manos.
Alguien podría tener todo el dinero del mundo y sin embargo ser incapaz de llevar a cabo una hora de trabajo honesto. Ese hombre sería miserablemente desdichado.
La persona que cuidadosamente evita el trabajo por lo general trabaja mucho más tiempo y más arduamente que el hombre que placenteramente lo confronta y lo hace. Los hombres que no pueden trabajar no son hombres felices.
El trabajo es el dato estable de esta sociedad. Sin algo que hacer, no existe nada para lo cual vivir. Un hombre que no puede trabajar vale lo mismo que si estuviera muerto y por lo general pefiere la muerte y trabaja para conseguirla.
Con Scientology, los misterios de la vida no son tan misteriosos hoy en día. El misterio no es un ingrediente nocesario. Sólo el hombre muy aberrado desea que se le oculten grandes secretos. Scientology se ha abierto paso a través de muchas de las complejidades que se han erigido ante los hombres y ha puesto al descubierto la esencia misma de estos problemas. Por primera vez en la historia del Hombre, Scientology puede predeciblemente elevar la inteligencia, incrementar la capacidad y lograr que se recupere la capacidad para juga un juego, y le permite al Hombre escapar de la espiral descendente de sus propias incapacidades. Por lo tanto, el trabajo en sí puede volver a ser otra vez algo agradable y placentero.
Hay algo que se ha aprendido en Scientology y que es muy importante para el estado de ánimo del trabajador. Muy a menudo uno siente, en la sociedad, que está trabajando por la paga inmediata y que no logra nada importante para la sociedad en general. Hay varias cosas que desconoce. Una de ellas es que hay muy pocos que sean buenos trabajadores. A nivel ejecutivo, es interesante observar cuán verdaderamente valioso es para una compañía el hombre que puede manejar y controlar empleos y hombres. Estos individuos son escasos. Todo el vacío en la estructura de este mundo del trabajo cotidiano se encuentra en la parte superior.
Hay otro punto de gran importancia. Y es el hecho de que ciertas filosofías mentales creadas para traicionar al mundo lo han conducido hoy a la creencia de que cuando uno muere, todo se ha acabado y terminado, y que ya no se tiene responsabilidad por nada. Es muy dudoso que esto sea verdad. Uno hereda mañana aquello por lo que murió ayer.
Otra cosa que sabemos es que los hombres no son prescindibles. Es un mecanismo de filosofías antiguas decirles a los hombres que “Si creen que son indispensables, deberían ir al cementerio y observar que esos hombres también eran indispensables.” Esto es absolutamente ridículo. Si realmente observaras con cuidado en el cementerio, encontraríasal ingeniero que estableció los modelos de antaño, y sin los cuales no habría industria hoy. Es dudoso que una hazaña similar se esté llevando a cabo en éste momento.
Un trabajador no es sólo un trabajador. Un obrero no es sólo un obrero. Un oficinista no es sólo un oficinista. Son pilares importantes que viven y respiran y sobre los que se erige toda la estructura de nuestra civilización. No son engranajes de una impotente máquina. Son la máquina en sí.
Hemos llegado a un bajo nivel de capacidad para trabajar. Las oficinas muy a menudo dependen sólo de uno o dos hombres y el personal adicional sólo aparece añanadir complejidad a las actividades del escenario. Los países avanzan por la producción de sólo unas cuantas fábricas. Es como si al mundo lo estuviera manteniendo unido un puñado de hombres desesperados que, al trabajar hasta la muerte, puede que mantengan en marcha el resto del mundo.
Pero, una vez más, puede que no lo hagan.
Es a ellos a quienes se dedica esto.
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